RESTAURANTE DELIRANTO
Salou

Deliranto, delirio, Dalí

Por Roman Aixendri
Vídeo, edición y música: Priscila Alegre
Fotografía: Andrei Moldovan



"Era una gallina pinta, pipiripinta, gorda, pipirigorda, pipiripintiva y sorda que tenía seis pollitos pintos, pipiripintos, gordos, pipirigordos, pipiripintivos y sordos. Si la gallina no hubiera sido pinta, pipiripinta, gorda, pipirigorda, pipiripintiva y sorda, los pollitos no hubieran sido pintos, pipiripintos, gordos, pipirigordos, pipiripintivos y sordos".


El delirio de ser Salvador Dalí llevó al artista ampurdanés a pronunciar este provocador manifiesto político. Surrealismo,… y es que el pintor se consideraba monárquico metafísico pero analfabeto político. Seguramente que su olfato exquisito lo destinaba a oler el olor que le regalaba la flora de Portlligat, del mismo modo que su paladar lo debía utilizar para degustar los pechos de su amada Gala. La irreverencia con gusto no pica.


Un bigote vertical, porque el de Nietzsche le parecía demasiado sobrio. Dalí, ser intrascendente en el sentido más trascendental de la palabra, se hubiera corrido degustando los platos elaborados por el chef Pep Moreno.


Sin límites y siempre hacia arriba. En busca de Baco o de Príapo ante la pregunta " ¿qué fue primero? ¿El huevo o la gallina?" El eterno Salvador Dalí hubiera contestado "sin duda, el chef ..." y si hubiera conocido al chef del Restaurante Deliranto le hubiera incluido como uno de los seres primigenios de esta comedia del arte tan necesaria como es la puesta en escena y, en este caso, también gastronómica.


Se les podría imaginar a los dos, pintor y chef. Uno saliendo del huevo con su amada musa y mujer y profiriendo frases imposibles y el otro cocinándolos a ambos. Incitándonos a un canibalismo amoroso, imaginario, simbólico y sobre todo espiritual, porque no hay nada que busque más la superficie que el alma. Amarse es comerse sin hacerse daño, provocando orgasmos, delirios; deliranto en lengua esperanto.


El espíritu vanguardista se respira en este restaurante de Salou transpirado por musas surrealistas y futuristas a la vez que por guardianes de la memoria como lo serían Marcel Proust o Walter Benjamin. Si hubiera un incendio en Salou, Dios no lo quiera ni el Demonio, Dalí salvaría el aire de Deliranto igual que si el incendio se produjera en el Museo del Prado salvaría el aire de Las Meninas de Velázquez.


Desnudez gastronómica y atrevimiento.


Estética como ética. Belleza y gusto como bondad. Los astronautas son necesarios como incomprensibles porque ellos expanden nuestra percepción del Universo. Un pequeño plato para el hombre y uno grande para la humanidad; quien experimenta la evolución del paladar hacia el súper paladar. La autosuperación implica repensar el centro del Universo. Basta de centrarnos en el estómago. Toca centrarse en las papilas gustativas. Alucinatoria giratoria y una composición equidistante a la rebeldía sin rebelión. Copernicanismo Rafaelita.Gastronomía hiperrealista de la mano de un hombre que, cargado de un ejército de camareros, metres y sumilleres, llena todo un espacio de texturas y colores pintados sobre un lienzo-plato diseñado para ser devorado.


Dadaísmo puro y duro también en Deliranto. Autofagia como reinvención constante y total. Quizás por eso, de cara a septiembre, en este restaurante podréis encontrar platos inspirados en Alicia en el país de las maravillas.


Degustaréis lágrimas de la chica soñadora que cayó en una madriguera, seducida por un conejo blanco. También encontraréis unas botellitas con líquidos para haceros pequeños y grandes, y quizás también un gato sin sonrisa, un matorral por donde caer. Y lomejor de todo es que os lo podréis comer. ¿Y si nos encontramos el famoso pícnic sin sentido? Hemos oido que hay rosas que pintar y después comer. Cuidado no os encontréis con la reina de corazones, os lo robará seguro.


Pep Moreno, Humpty Dumpty del futuro, a quien Dalí tomaría por su Alícia, del país de las maravillas, particular. ¿Salou o la Gallina? Quizás el conejo, ahora que el surrealismo daliniano desemboca en la revuelta lógica inspirada por Lewis Carroll.


En Deliranto lo descubriréis y saldréis bailando el “sí” a la vida más humilde y jovial que habréis escuchado en tiempo. Incluso si en vuestro interior albergáis a alguien con el ego y la virtud del cineasta figuerense y autor de El Cant dels Ocells y también de El Senyor ha fet en mi meravelles, Albert Serra. Comerse la lógica del sentido. Esta es la cuestión, como lo es también celebrar los no-cumpleaños.




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