San Carlos de
la Rápita.

Discreta y hermosa

Texto: Santi Valldepérez
Foto: Guille Barberà



El trasiego de las lucecitas se acelera al pasar los minutos: las barcas emprenden el fila india la salida de la bahía. El ambiente se aclara mientras el sol se alza. De repente, el pueblo emerge diáfano al pie de la montaña, lamiendo el mar. El Trabucador surge solemne y frágil entre el horizonte y la villa. La única forma de superar el frío parece ser justamente concentrarse en perfilar la belleza de los elementos que integran el conjunto de la panorámica: las mejilloneras, la forma elíptica de la bahía, los arrozales yermos, el Poblenou del Delta -el Poblet- i la laguna de la Encanyissada.
La colina desde donde asistimos a una madrugada gloriosa es un otero privilegiado para comprender por qué esta villa marinera fascinó a un monarca, Carles III, que la quiso convertir en el San Petersburgo del Mediterráneo.
Discreta y hermosa, la Rápita es la ciudad más literaria de las Tierras del Ebro. No en vano, “el Chicago” fue la patria de Sebastián Juan Arbó, el narrador de la colonización del Delta. Las calles de este barrio marinero destilan la autenticidad de los serrallos más mediterráneos.

Puerto pesquero de San Carlos de la Rápita.

sant carlos de la rapira

Puerto pesquero

Puerto pesquero de San Carlos de la Rápita.




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